No existe un manual sobre cómo ejercer el cargo de secretario de la Gobernación. Después de 20 meses en esa posición puedo afirmar con la certeza que solo da la experiencia de ocupar el puesto, que el cargo no viene con instrucciones, ni con una lista de mejores prácticas, sino que se aprende bajo fuego, presión constante y con la responsabilidad de servir a un pueblo que exige resultados concretos. Por eso, antes de dejar el puesto y la dirección de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF), comparto tres consejos puntuales aprendidos por lecciones en la práctica dirigidos al próximo secretario o secretaria de la Gobernación.
Primero: Los problemas son problemas porque tienen soluciones. Si no las tuvieran, no serían problemas, serían tragedias inevitables. En La Fortaleza se atienden diariamente problemas que parecen irresolubles, fallas en el sistema eléctrico y el del agua, presiones de la Junta de Control Fiscal, negociaciones y presiones de los mogules de NFE y LUMA y sus socios locales, el ruido permanente de cabilderos no registrados y el eco de algunos analistas que opinan sin asumir responsabilidades, ni consecuencias. Para algunos, la tentación de paralizarse sería entendible, pero para mí no lo era, porque cumplir con el deber del cargo mandaba que asumiera el reto. Cada problema exige un análisis premeditado, identificando las variables reales y la alternativa más viable, aunque sea imperfecta. El trabajo consiste en convertir lo que parece imposible en algo ejecutable.
Segundo: En las crisis es cuando se debe mantener la calma para poder tomar las decisiones con claridad. Cuando la presión sube, cuando los intereses chocan, y cuando la crítica es incesante, el instinto natural es reaccionar con prisa o con miedo. Sin embargo, ese es el momento en que el secretario debe ser el ancla de la Gobernadora y la Administración. La calma no es pasividad, sino disciplina para separar el ruido de la realidad, de escuchar antes de hablar y de no permitir que la urgencia del momento imponga soluciones improvisadas que luego generen daños peores. En 20 meses, vi cómo la serenidad bajo fuego permite ver opciones que la ansiedad oculta. Quien pierda la compostura, pierde la capacidad de servir.
Tercero: Antes de tomar cualquier decisión, o de recomendarle una a la gobernadora, piense en las consecuencias no intencionadas de esa decisión. Sabemos que toda acción genera efectos colaterales y una decisión que “resuelve” un problema inmediato puede crear nuevos problemas seis meses después. Una concesión política puede debilitar la posición institucional a largo plazo y una declaración pública a la ligera puede cerrar puertas que luego se necesitarán abiertas. Por eso, el ejercicio de prever consecuencias es un deber del cargo que no tolera la improvisación emocional. Exige pensar tres pasos adelante, especialmente cuando se trata de temas tan sensibles como la energía, el agua, la fiscalización o la relación con sectores que presionan desde la sombra.
Estos consejos se sostienen sobre una convicción más profunda. Enfrenté muchos leones cuando otros hubiesen rehuido y enfrentarlos en vez de seguir a la manada tiene un costo. Pero este cargo se trata de enfrentarlos sin miedo. En la política, como en la vida, es más fácil ir con la corriente y evitar los problemas que confrontar los desafíos y obstáculos. Desde pequeño me inculcaron enfrentar los retos con el pecho y así se lo he inculcado a mis hijas, porque los problemas se enfrentan. ¡Punto! No se posponen, ni se delegan eternamente. Tampoco se maquillan con frases bonitas. El cargo exige estar ahí para proteger el interés público y a la Gobernadora, aunque eso signifique molestar a poderosos o asumir el desgaste que otros evitan.
Gracias a que me atreví a enfrentar esos leones, generamos $904.2 millones en ahorros en contratos, que hicieron posible financiar la Carrera Magisterial, aumentar los fondos para el programa de Amas de Llave en los municipios, el aumento para nuestros Oficiales del Orden Público y respaldar otras iniciativas de la Administración.
No pretendo que estos consejos sean absolutos pues cada Secretario enfrentará su propio contexto, sus propios leones. Pero la esencia permanece porque los problemas tienen solución, la calma es virtud en la crisis y toda decisión acarrea consecuencias que hay que anticipar. Quien interiorice eso estará mejor preparado para el peso real que conlleva el cargo. El resto es trabajo diario, disciplina y la convicción de que se sirve de frente, con convicción y sin rehuir.
Culmino mi segunda vuelta en el servicio público con la satisfacción que brinda el ayudar al prójimo, y sabiendo que el servicio no depende de puestos, ni micrófonos. Se sirve sirviendo y el cargo de secretario de la Gobernación es solo una herramienta. Quien lo ocupe debe recordar que no está ahí por ostentar un título, ni para proteger su imagen, ¡Está para echar el resto por Puerto Rico!
FUENTE: El Vocero


